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Este 8M también salimos a la calle

Como cada año, este 8 de marzo el Movimiento Feminista de Madrid salió a la calle a reivindicar la agenda feminista de la que determinados grupos y personalidades pretenden apropiarse. Como cada año, pero esta vez en número reducido, salimos a luchar por la abolición de todas las formas de violencia y explotación que sufrimos las mujeres por el mero hecho de serlo, a las que se une la cada vez mayor precarización a la que nos vemos sometidas.


Tras semanas de duro trabajo, con diferentes actos en los que, entre otras cosas, exigimos el cierre de páginas porno y la retirada de las propuestas legislativas que ponen en cuestión los derechos de las mujeres basados en el sexo, el 8M debía culminar con una concentración en la Plaza del Callao, al aire libre y con todas las medidas de seguridad. Pero dicha concentración, lejos de celebrarse, fue prohibida en lo que consideramos una decisión arbitraria fruto de una justicia e instituciones patriarcales y que no respondía a motivos sanitarios sino políticos.


Hartas de ver bares llenos, fiestas que se suceden cada fin de semana y transportes abarrotados, denunciamos el doble rasero en lo que al derecho de reunión y manifestación se refiere. En el último año, durante la pandemia, en Madrid ha habido concentraciones de todo tipo. El pasado 7 de marzo, en las afueras del Estadio Wanda Metropolitano se reunieron centenares de hombres sin distancia de seguridad alguna. Pero hemos sido nosotras, las feministas organizadas y responsables, quienes lo tuvimos prohibido. Nosotras no podemos conmemorar a las asesinadas, a las precarizadas o a las prostituidas, pero ellos pueden celebrar el fútbol sin mayores consecuencias.



Pese a todo, las feministas no nos quedamos en casa y en la jornada reivindicativa del 8 de marzo, salimos a exigir la adopción de medidas que nos garanticen, de una vez por todas, una vida libre de violencias, la aprobación de una Ley Abolicionista del Sistema Prostitucional, y la derogación de las disposiciones que legalizan, de facto, la explotación reproductiva, entre otras de nuestras muchas reclamaciones.


La otra pandemia con la que convivimos diariamente las mujeres es la normalización de la explotación patriarcal y capitalista de nuestros cuerpos, que son indisolubles de nuestro ser. Por eso, este 8M, hoy y siempre, recordamos que el feminismo es abolicionista y que seguiremos llevando a la calle nuestras reivindicaciones.


La lucha continúa y no van a callarnos.


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